lunes, 23 de enero de 2017

miércoles, 4 de enero de 2017

En honor a Lola Membrives - F.G.Lorca



Es la segunda vez que tengo la satisfacción de dirigir la palabra a los actores argentinos , a quienes después de la estrecha colaboración que he tenido con un núcleo de ellos durante la creación (?) cómica de La niña boba, ya considero mis amigos y camaradas.

Nos reunimos hoy aquí esta noche en cordial homenaje a una insigne actriz, Lola Membrives, maja con abanico de fuego, y para admirar la labor de entusiasmo que una compañía argentina, con la deliciosa Eva Franco por juvenil capitana, ha puesto en ritmar el ejemplo dramático de un poeta español.

Yo no quiero hablar hoy como lírico que oye mares y árboles y tiembla con oscuridad llena de mariposas y de insectos, ni como el poeta que sueña en su cuarto la obra dramática que después realiza,sino como un apasionado amante del teatro, como un profundo creyente de su eficacia inalterable y de su gloria futura.
No vamos a debatir la cuestión teatro o cine, que llena hoy de modo inútil, como simple torneo periodístico , las paginas de todos los periódicos del mundo sino la cuestión del teatro teatro, sin abrir más perspectivas que las que puede dar el prestigioso telón pintado.
Cuando me hablan de la decadencia del teatro, yo pienso en los jóvenes autores dramáticos que por culpa de la organización actual de la escena dejan su mundo de sueños y hacen otra cosa, cansados de lucha; cuando e hablan de la decadencia del teatro, yo pienso en los millones de hombres que esperan en los campos y en los arrabales de las ciudades ver con sus ojos nuevos de asombro el idilio con ruiseñor de Romeo y Julieta, la panza llena de vino de Falstaff o el lamento de nuestro Segismundo luchando cara a cara con el cielo. No creo en la decadencia del teatro , como no creo en la decadencia de la pintura ni en la decadencia de la música.    

Cuando Megs pinta con colores llenos de miedo y pinceles podridos por la adulación , llega Goya pintando con los zapatos llenos de barro, agresivamente y sin disimulo , la cara boba de la duquesa de Medinaceli que otro había representado como Diana. Cuando los impresionistas hacen una papilla de luz con los paisajes, Cézanne levanta muros definitivos y pinta manzanas eternas donde no penetrará jamás el gusano aterido.
Cuando el rumor de Mozart se hace demasiado angélico, acude como equilibrio el canto de Beethoven , demasiado humano.  Cuando los dioses de Wagner hacen demasiado grande la expresión artistica , llega Debussy narrando la epopeya de un lirio sobre el agua. Cuando el legado imaginativo de Calderón de la Barca se llena de monstruos idiotas en los poetastros del XVIII , llega la flauta de Moratín, deliciosa, entre cuatro paredes, y cuando Francia se encierra demasiado en sus cámaras bordadas de sedas, hoy una lluvia furiosa que se llama Victor Hugo que destroza los canapés con patas de gacelas y llena de algas y puñados de arena los espejos moribundos de las consolas.
No hay decadencia, porque la decadencia es un comienzo de agonía y un presagio de muerte; hay un natural sístole y dístole en el corazón del teatro , un cambio de paisajes y de modos,pero...pero.En este teatro lleno de actores y de autores de críticos,yo digo que lo que pasa es que existe una grave crisis de autoridad. El teatro ha perdido su autoridad , y si sigue así y nosotros dejamos que siga así , haremos que las nuevas generaciones pierdan la fe y, por tanto, el manantial de la vocación. El teatro ha perdido su autoridad porque día tras día se ha producido un grave desequilibrio entre arte y negocio. El teatro necesita dinero, y es justo y vital para su vida que sea motivo de lucro; pero hasta la mitad nada más.
[b]La otro mitad es depuración , belleza, cuido,sacrificio para un fin superior de emoción y cultura [/b]
No estoy hablando de teatro de arte, ni de teatro de experimentación , porque éste tiene que ser de pérdidas exclusivamente y no de ganancias; hablo del teatro corriente, del de todos los días, del teatro de taquilla, al que hay que exigirle un mínimum de decoro y recordarle en todo momento su función artística , su función educativa.
Federico Garcia Lorca